Avisa que el día acordado no puede porque "viene la Presidenta y hay que trabajar". Entonces posterga el encuentro con LA GACETA. Pide que sea al día siguiente, al mediodía, en la esquina del Congreso Nacional, donde trabaja como empleado de seguridad los fines de semana. "Hace 26 años que estoy ahí, ya tengo 63 y falta poco para jubilarme. Una vez que lo haga tengo ganas de volver a Tucumán". Horacio Agustín Saldaño, aquel boxeador que llenaba Villa Luján y convocaba multitudes en el Luna Park, el templo del boxeo, apenas se presenta demuestra sus ganas de regresar a la provincia.
"Vine a los 19 y nunca me adapté totalmente a Buenos Aires. Me encanta la ciudad, la gente, pero no me pude acostumbrar. Hay una velocidad de vida que no me gusta y extraño cosas de mi infancia y de mi adolescencia. Si mi familia quiere, volvemos, pero no creo que tengan ganas", cuenta "La Pantera Tucumana", que actualmente vive en Caballito junto a Silvia, su segunda esposa, y sus hijos Florencia (14), Ayelén (12) y Marcos (10).
-¿Cómo llegó a trabajar en el Congreso?
-Empecé dos años después de dejar de pelear. Estaba sin trabajo, necesitaba plata y un conocido me hizo entrar. Me querían dar otra cosa, no ser sólo seguridad, pero yo no sabía hacer nada. Me dieron una mano bárbara. Y lo agradezco muchísimo. No sé dónde hubiese terminado.
-¿No había juntado plata como boxeador?
-Sí, la guardaba toda en el banco, pero no la había invertido. Entonces iba y sacaba. Así durante dos años. Hasta que un día me dijeron que no tenía nada. Ahí vino la peor, no sabía qué hacer. Y seguía viviendo a un ritmo que no correspondía. No me daba cuenta. Yo me veía de ciruja, no iba a parar hasta llegar ahí. Tuve que vender los dos autos y un departamento que tenía en Palermo. No sabía ni cambiar un foco, no sabía hacer nada.
Está claro: lo que Saldaño hacía muy bien era boxear. De eso no hay dudas. Tanto que en sus dos primeras peleas en el Luna Park noqueó a sus rivales en el primer round y comenzó un fuerte romance con el público porteño. Si bien peleó por un título mundial, no le hizo falta conseguirlo para dejar su nombre impregnado en la historia de deporte. "Yo siempre lo hice por trabajo, sólo para ganarme unos pesos. Mi viejo sólo me mandó al club porque me veía condiciones. Nunca miré boxeo de chico y nunca me gustó...", sorprende Saldaño, que cuenta además que antes de pelear debió vender golosinas en la terminal y trabajar en una obra en construcción para juntar monedas.
Entre sus mejores peleas se destacan el enfrentamiento con "Tito" Yanni, según entendidos como el "el combate más violento que recuerde la historia del Luna Park", y el choque que perdió con José "Mantequilla" Nápoles por el título mundial welter en una velada en la que decidió pelear pese a estar lesionado.
-¿Qué pasó antes de aquella final?
-Faltando pocos días, tiré una piña fuerte en una práctica y se me salió el hombro. Era una lesión para tratar en un mes pero me quedaba una semana para la pelea. Si no lo hacía no ganaba un peso. Perdí por eso. Si no me lesionaba, no podía perder porque estaba muy bien.
-¿Es cierto que subió llorando al ring?
-Sí, la caminata hasta llegar fue larga y fui llorando todo el camino. Sabía que no tenía posibilidades. No me podía ni peinar. No tenía chance de ganar. Después me pusieron una inyección que se infectó y nunca me recuperé completamente.
-¿Qué le pasó al boxeo que ya no es lo que era en su época?
-Antes, en todo el país se organizaban peleas los viernes y los sábados la actividad estaba en el Luna Park. Había más periodistas especializados, más boxeadores. Era otra cosa. El tema es que es una actividad muy sacrificada. Hay que entrenarse demasiado y es muy duro. Los pibes ya no se quieren sacrificar. A la primera pelea que pierden se van. Y así no llegan a formarse tantos boxeadores.
-¿Tiene que ver sólo con una cuestión de sacrificio de los aspirantes a boxear o se trata de otra cuestión?
-No, toda la sociedad cambió. Entró la droga, por ejemplo, ya no es como antes. También faltó una política para captar a chicos. Hay que poner plata. No se le puede decir a un pibe humilde "vení a pelear" y no darle nada. No hay nadie que invierta dinero para que resurja el boxeo.
-¿Mantiene algún vínculo con el boxeo?
-Cuando dejé a "Tito" Lectoure, un famoso empresario del boxeo me pidió que sea entrenador y estuve ligado, aunque no fue demasiado. Cuando falleció no quise seguir. Ahí se acabó la relación.